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Adolescencia, Alcohol y algo más...

Foto del escritor: PatriciaPatricia

Actualizado: 15 may 2018



El consumo excesivo de alcohol afecta en mayor medida a la población adolescente. Por ser un sector indefenso, por su extrema vulnerabilidad y su permeabilidad a la realidad sociocultural. Así lo reflejó un estudio del Instituto de Prevención de las Adicciones, de la Universidad del Salvador (USAL), según el que "el alcohol es la droga psicoactiva número uno en prevalencia e intoxicaciones severas".

En cifras del Observatorio Argentino de Drogas, el alto consumo de alcohol en la población adolescente alcanza al 70% de los estudiantes de 17 años, que declaró haber bebido alcohol el último mes.

Predomina el llamado “atracón de alcohol” o binge drinking, que busca alcanzar el estado de embriaguez en el menor tiempo posible, con las graves complicaciones médicas y exposición a situaciones de riesgo que eso conlleva. Insuficiencia hepática aguda y encefalopatía alcohólica, entre otras. El consumo de sustancias ilícitas (marihuana, la cual inhibe los síntomas de intoxicación, como las náuseas y vómitos) permitiendo al cuadro grave de intoxicación por alcohol e incluso la muerte. Con cocaína el alcohol produce relajación muscular y quien consume no siente los efectos adversos de la cocaína, permitiéndole consumir dosis más altas llegando a una dosis letal sin notar síntomas previos.


El abuso de alcohol en la población de entre 12 y 17 años aumentó significativamente en el año 2017

La Argentina es el país con mayor potencialidad de crecimiento de consumo en la región.

El mismo estudio de la USAL marcó que en la década del ‘80 las empresas cerveceras ya habían cambiado su estrategia de marketing dirigieron su publicidad a la franja de consumidores adolescentes de 14 años. Lo cual se puede apreciar a través del aumento de consumo de cerveza en la Argentina de 7,3 litros/año por habitante en 1981, a 35 litros/año por habitante en 2001 y 43 litros/año por habitante en 2016.

El consumo alcohol y marihuana aumentó exponencialmente entre los jóvenes argentinos teniendo en cuenta que el sistema nervioso termina de madurar a los 25 años y todo uso anterior a esa edad influye en el desarrollo madurativo del individuo; se generan las graves consecuencias que hoy observamos.

El consumo de marihuana está relacionado con una reducción en el volumen del hipocampo con cambios en el cerebelo, la marihuana reduce la capacidad de creación, la capacidad de concentración, así como la aceleración de procesos psicopatológicos si los hubiera.

El consumo de alcohol, si continúa hasta la edad adulta, se asocia a una reducción en el volumen de materia gris, así como una reducción en la integridad de la sustancia blanca.

El alcohol es muy dañino para el sistema nervioso central, produce alteraciones estructurales y neurocognitivas. A corto plazo, el consumo de alcohol puede provocar la muerte de un individuo o inducir un coma etílico. Esta sustancia afecta varias zonas del cerebro, más precisamente, la corteza cerebral, el cerebelo, el hipotálamo e hipófisis, el bulbo raquídeo y la médula. Como resultado, el cerebro puede volverse incapaz de poner en funcionamiento las áreas que se encargan de la sobrevivencia.

En el caso de la marihuana , las partes afectadas del cerebro son las neuronas (las células que procesan la información en el cerebro) y los neurotransmisores. Al igual que el tabaco, la marihuana se fuma y por ende, además del cerebro, el consumo de marihuana afecta el sistema respiratorio y cardiovascular.

La desinhibición que provocan ambas drogas en el individuo pueden llevar a diversos riesgos que hacen peligrar la integridad física tanto del consumidor como de quienes rodean.

Conducir con ambas disminuye la capacidad de reacción, la memoria, la capacidad de actuar ante un imprevisto. No poder frenar impulsos ante un conflicto, o tomar medidas preventivas ante cualquier situación que así lo requiera.

A largo plazo, las consecuencias del consumo de alcohol son otra vez mucho peores que las del consumo de marihuana, pero esto no implica que esta sea buena como se quiere hacer parecer en algunos casos. Las consecuencias del alcohol son bien conocidas por todos, un enorme paquete de condiciones mortales: enfermedades hepáticas, fibrosis de hígado, diversos tipos de cáncer, entre otras, pero además están los más evidentes, que la Organización Mundial de la Salud menciona como muchos de los problemas sociales graves y de desarrollo, como la violencia, el abandono infantil, el abuso y el ausentismo en el lugar de trabajo.


En el caso de la marihuana siguen faltando estudios, pero hasta ahora se comprobó que realmente interfiere con las conexiones que se realizan en el cerebro a largo plazo. Al ser fumada, se corren riesgos de contraer enfermedades pulmonares y daño en regiones del sistema respiratorio, las funciones cognitivas se deterioran, afecta la memoria inmediata, la coordinación, el aprendizaje y la capacidad para resolver problemas. En personas con trastornos psicológicos y psiquiátricos, está demostrado que puede generar consecuencias peores, acelerar el desarrollo de esas enfermedades y sus efectos (se la relaciona con cuadros psicóticos, puede agravar depresiones, ataques de pánico, etc.). En cifras de Sedronar, el consumo de marihuana se triplicó en jóvenes entre 12 a 17 años en el país. Según el informe 2017 de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar), el consumo de sustancias ilícitas y abuso de alcohol en la población de entre 12 y 17 años aumentó en el último año. De los niños y adolescentes que consumieron alcohol, uno de cada dos lo hizo de forma abusiva. Esto representa 82.453 niños y adolescentes. Hay 2.299.598 de nuevos consumidores de alcohol en el último año, de los cuales 319.994 son preadolescentes y adolescentes. En tanto el consumo de marihuana

se triplicó en jóvenes entre 12 a 17 años.

Se puede observar que estamos ante un grave problema que tiene que ver con el consumo voraz de una sociedad que se consume, nos perdemos, nos alejamos de nuestros valores dejando a los más vulnerables a merced de sí mismos, creyendo que eso es libertad y caen prisioneros, poco tiene que ver lo legal o ilegal que sea una sustancia sino la responsabilidad de nosotros como adultos de organizarnos para acompañar y crear una escala de valores, con fundamentos en el amor, el respeto, y que los niños y los adolescentes puedan proyectarse y creer que van a ser valorados.

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